Adarve Fondos

El mejor momento

Hace algunas semanas escribíamos unas líneas sobre la incertidumbre, cuando todavía no pasaba por nuestras cabezas que, una vez más, el ser humano volvería a comportarse de una manera tan cruel como irracional, creando de nuevo un drama humanitario de dimensiones todavía difícilmente cuantificables.  No deja de resultarnos difícil publicarlas ahora, pues uno corre el riesgo de banalizar el sufrimiento con cosas tan vulgares como la mera gestión de las inversiones. Hay por tanto algo de amoralidad en el acto mismo, razón por la que pedimos disculpas por adelantado y esperamos se entiendan nuestras palabras en este contexto que adelantamos al lector.

Una de las cuestiones más recurrentes a las que nos enfrentamos por parte de muchos: partícipes, familiares, amigos o conocidos, es la de si este momento (sea cual sea) es un buen momento para invertir. Tras más de dos décadas invirtiendo, no saber responder a esta cuestión, o esgrimir razones como «imposible de saber», «las mejores ocasiones son en momentos de máximo miedo o pesimismo generalizado» o «el mejor momento es siempre que tengas capital que no vayas a necesitar a medio plazo», hará que nuestro interlocutor arquee las cejas y piense que su respetado conocido es de «mucho ruido y pocas nueces».

Los seres humanos odiamos la incertidumbre y buscamos siempre tratar de aferrarnos a la información disponible para convertirla así en certeza. Este mecanismo mental nos mantiene vivos, y, por norma general, tiene una gran valía a la hora de facilitar nuestras vidas. Sin embargo, cuando de inversión se trata, más información no tiene por qué trasladarse en más probabilidades de éxito e incluso, como veremos en este ejercicio que hacemos hoy, dependiendo del contenido de la misma, es altamente probable que minimice estas probabilidades. Veámoslo sin más dilación.

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Estamos en algún momento del comienzo de 2019. En el interior de una cafetería, cuatro amigos charlan distendidamente mientras el personal se mueve frenéticamente en sus quehaceres diarios.

La conversación gira en torno a si es un buen momento para poner en marcha Adarve. Los mercados están altos y hay lo que se percibe como una especie de fiebre por sacar vehículos de inversión independientes principalmente impulsada por una gestora que reduce las tradicionalmente altas barreras de entrada al mundo de la gestión de activos a proyectos más modestos.

Es la segunda oportunidad para poder despegar, pues la primera decidieron no seguir adelante al ver que era excesivamente precipitado unirse a la ventana de incorporación, y, ahora sí, con tiempos lo suficientemente razonables parecía viable poder salir con el trabajo bien preparado.

Pese a que no fue nuestro caso, parece razonable que antes de lanzarse al inicio del proyecto un equipo tuviera conversaciones con preocupaciones tales como si “los mercados están muy altos” , que, “da la sensación de que una corrección fuerte se acerca”, que, “si se espera a una caída el momento de salida puede ser mucho mejor” o que, “con más tiempo de preparación y más información disponible la puesta en marcha del proyecto será mucho más exitosa”.

Hasta aquí, los pensamientos habituales de cualquier ser humano sensato que se pregunte si debe o no poner en marcha un proyecto sea de la índole que sea. 

En nuestro caso, como saben, la historia se solucionó con algo que todos ustedes conocen y que constituye nuestro marco mental habitual, “hemos hecho el trabajo y estamos preparados para salir. Ignoramos si es o no un buen momento, pero esto no depende de nosotros ahora ni nunca, por lo que vamos a ponernos en marcha”. 

Y mientras el mundo continuó su marcha, nosotros nos pusimos manos a la obra, dando vida a un proyecto que nos hace inmensamente felices y gracias al cual tenemos ahora la oportunidad de poder escribirles estas líneas.  

Ahora bien, la cuestión realmente importante sería:  ¿más información hubiera sido mejor?

Imaginemos ahora que ese mismo día hubiera entrado por la puerta una adivina, depositara sobre nuestra mesa una rama de romero y nos dijera que con una probabilidad del 100% puede leernos la buena ventura y decirnos qué va a suceder durante los siguientes dos años a nuestro proyecto.

Los datos que nos ofrece la anciana adivina son los siguientes:

  • La agencia de valores, y posteriormente por arrastre la gestora con la que vais a constituir el proyecto, va a desaparecer.
  • Antes de desaparecer, de manera unidireccional y justo al poco tiempo de que iniciéis el fondo, va a cambiar las condiciones a los partícipes, generando una gran molestia y preocupación entre los mismos.
  • Una pandemia nunca vista en los últimos 100 años va a azotar el mundo entero, haciendo que apenas unos meses después de salir, las inversiones realizadas caerán un 33% desde máximos.
  • Pasaréis una gran parte del próximo año aislados en vuestras casas sin posibilidad alguna de hacer algo tan sencillo como salir a la calle más que para lo imprescindible.
  • Una gran compañía de real estate china va a sufrir un colapso, impactando en una parte de vuestra cartera por el único hecho de tener exposición a los mercados asiáticos.
  • Turquía va a verse sometida a una crisis excepcional de su divisa golpeando empresas turcas saneadas y rentables que tenéis en cartera, por el mero hecho de estar domiciliadas en ese país.

¿Qué piensan que un ser humano racional y sensato hubiera hecho en ese momento? Probablemente sólo con que a uno le digan la cuestión pandémica o la quiebra de la agencia de valores y su efecto arrastre ya se replantearía quedarse quieto y aguardar a la espera  de otros posibles tiempos mejores.

Los sucesos descritos han sucedido, pero como todos sabemos, sólo cuentan una parte de la historia. Sin embargo, la percepción cambia fundamentalmente si añadimos más información:

  • Tendréis una base extremadamente sólida de partícipes que darán estabilidad, crecimiento y seguridad al fondo.
  • La diversificación con la que diseñaréis el fondo hará que grandes tsunamis geopolíticos como los de Turquía y China se rebajen a oleaje, y que el barco pueda superarlos sin mayores contratiempos.
  • Pese a que habrá una caída importante del valor liquidativo por la pandemia, el valor liquidativo recuperará y crecerá de manera razonable. 
  • La forma en que diseñaréis los procesos hará que el fondo sea un vehículo en aprendizaje continuo, convirtiendo  las amenazas en oportunidades en un ciclo que por fortuna no termina nunca.
  • La elección del equipo fundador dotará de una estabilidad y resiliencia al proyecto que hará fáciles cuestiones operativas complejas.
  • Daréis forma a un estilo de inversión diferencial, ni mejor ni peor que cualquiera de los disponibles, pero sí completamente único.
  • Mirándolo con perspectiva, los cuatro estaréis muy satisfechos de haber dado el paso y continuaréis trabajando con gran dedicación y cariño por mejorar día a día el rendimiento del fondo.

Visto así quizá la balanza se vuelva a desplazar hacia el otro lado y de nuevo uno se plantee que, a veces, simplemente hay ríos que queriendo o a la fuerza, debemos cruzar.

Nos guste o no, la experiencia vital se basa en un presente con información incompleta, que conforme se va convirtiendo en pasado, va dejando de tener la utilidad práctica que hubiera tenido en el presente. No hay por tanto a priori un mejor momento para invertir, ni siquiera tras grandes caídas, pues estas pueden ser la antesala de mayores caídas (recuerden aquello de que un valor que perdió el 90% se redujo a la mitad cuando llevaba perdido un 80%). Sólo hay probabilidades, escenarios y estómago. Mucho estómago.

Los momentos de más miedo y pesimismo por lo general suelen ser buenos momentos para invertir, pero son mucho menos frecuentes de lo que se tiende a pensar a lo largo de la vida de un inversor. La constancia y el método en la inversión son grandes ayudas para tener buenos resultados, que por la propia naturaleza del negocio, nunca serán óptimos, pero sí pueden acabar siendo razonablemente buenos.

Lo mejor es enemigo de lo bueno. A toro pasado, seguro que vemos que el mejor momento para invertir todo de golpe fue un día determinado, pero es importante tener en cuenta que eso sólo se sabrá con el devenir de los años, ni tan siquiera de los meses. 

Por esto nuestro consejo suele ser que una posible buena forma sea invertir mensualmente aquello que no se necesite sin intentar especular sobre la idoneidad del momento. Con el paso de los años es razonable pensar que, si uno ha mantenido la constancia, los resultados sean satisfactorios. El mundo progresa, y las empresas en un mercado libre se adaptan, crecen y trasladan ese progreso al resto del mundo..

Así que, si tienen dudas sobre el mejor momento para invertir, recuerden aquella canción de los Rolling Stones, “no puedes tener todo lo que quieres, pero si lo intentas lo suficiente, tendrás lo que necesitas.” 

Jose V. Aguilar Salmerón

1 comentario en “El mejor momento”

  1. Ante esta incertidumbre, y si hay mucha volatilidad, lo mas cauto es invertir en el activo elegido en tres fechas diferentes, haciendolo cada vez en partes iguales (33%).

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