“Nunca sabemos en qué parada nos bajamos del tren. No olvidemos que aquí estamos de paso”.
Nunca tuve en gran estima al hombre al que escuché esas palabras. Desde niño lo imaginé como soberbio y desagradable, tras una de esas vidas en las que ganas mucho dinero y lo derrochas tratando de seguir siendo la imagen que otros tenían de ti.
Sin embargo, en aquel momento, me pareció lo más sensato de ese momento onírico en que no acabas de entender muy bien qué ha pasado y cómo has acabado en el tanatorio. Me dio por pensar en la manera injusta en que tantas veces juzgamos a otros sin tener ni idea realmente de qué ha ido su película.
Los tanatorios son lugares fríos y con ese olor neutro que te hace desear irte de allí cuanto antes para no tener que hacerte preguntas para las que no tienes respuesta.
La vida siempre encuentra la manera de recordarnos, que la única forma de no ver irse a todas las personas que queremos, es que nos vayamos primero.
Cuesta asimilarlo, la verdad.
De niños, el lienzo en blanco del futuro es tan amplio y luminoso, que pensamos que esto dura para siempre.
Algunos tenemos la suerte de llegar a la edad adulta sin grandes despedidas, más allá del orden natural de la vida. Nuestros abuelos, algún amigo de la familia, algún conocido cercano.
Otros tienen caminos diferentes.
Me da rabia no recordar donde lo leí, pero hace unas semanas en una entrevista a alguien que perdió a su madre a los siete años, a su padre a los dieciséis y a su hermana a los diecinueve, contaba como aquello para el fue un recordatorio de qué iba la vida y que tenía que aprovecharla y exprimirla al máximo, razón por la que tuvo tanto éxito en aquello que eligió.
En estos casos lo normal es hundirte o preguntarte porqué tú y no otros.
No deja de admirarme cómo la serenidad a veces se cruza con la valentía y ves a gente que decide tirar “palante”.
Abrazado a un amigo de los que más quiero y aprecio, el día que perdió a su padre, mientras me decía “cuídalos, tío” , te das cuenta de algunas cosas simplemente van en serio y que no importa lo que hagas o dejes de hacer, que nunca estarás preparado.
Le atribuyen a Confucio aquello de que “un hombre vive dos vidas y la segunda empieza cuando realmente entiende que morirá”.
Ahora bien, una vez entendido que son las reglas del juego y que todos estamos obligados a jugar, de nuevo nos toca decidir cómo encaramos lo que nos quede de partida.
Te puedes pasar la vida centrado en ser el mejor en lo tuyo, en acumular riqueza, en querer y ser querido por las personas que de verdad te importan, en viajar, en leer o pasar un tercio de tu vida anestesiado por el scroll infinito. Todo son opciones, todo son elecciones.
Recuerdo perfectamente mi primer examen en mi primer día de selectividad. Inglés.
Estaba tan preocupado de hacerlo bien, que lo hice lentamente a lápiz, tratando de encontrar la mejor respuesta y no meter la pata. Se me fue acabando el tiempo y al final deprisa y corriendo tuve que pasarlo a boli dejándome una parte sin terminar que finalmente no fue puntuada.
“Lo mejor es enemigo de lo bueno, chaval, pero no te preocupes que lo irás aprendiendo. No te metas tanta presión, simplemente vive y relájate, al fin y al cabo moverte y avanzar es la estrategia que te será más útil el resto de tu vida.”, le diría a mi yo de entonces.
Creo que en su última entrevista, Musk dijo algo como que prefería ser optimista porque siendo pesimista, aunque estés en lo cierto tu resultado será pésimo y habrás sufrido más.
No puedo estar más de acuerdo.
Y aquí estamos de nuevo, enfrentándonos a los retos de cualquier varón caucásico del primer mundo. Preocupado por cosas en las que uno no tiene ningún control de las que nueve de cada diez simplemente no ocurrirán.
¿Quieres saber lo que he aprendido al caerme del guindo de la inmortalidad?
Que escribir a lápìz es tan mala idea como escribir a boli sin pensar y que si te has currado el proceso tienes que confiar en ti.
Que cosas que piensas que serán buenas no tienen porque acabar siéndolo y cosas que piensas que serán malas pueden acabar siendo lo mejor que te ha pasado en la vida.
Que esto de invertir está fenomenal, pero sin privarte de placeres o hacer cosas que te aporten felicidad.
Que las proyecciones son una pérdida de tiempo y que el futuro que anhelas no tiene porque ser como lo imaginas y aún así ser espectacular.
Que las relaciones personales y el amor, aunque suene cursi es lo que de verdad mueve la aguja.
Que tus padres, tus hijos, hermanos y amigos son tu mejor regalo y que nada en el mundo compra la sensación de saber que tienes tu pirámide de prioridades clara.
Que en definitiva amar, amar y ensanchar el alma como nos dejó Robe, sigue siendo la mejor carta de navegación para un viaje sin rumbo ni destino, en el que te vas a equivocar, acertar y un montón de otras combinaciones por el camino.
Reconozco que soy un tío de lo más afortunado y que muchos días cuando miro atrás pienso “vaya, menuda pasada de viaje, ni en tus mejores escenarios imaginabas algo así”, pero también soy consciente de esos días negros en que todo se me hace un mundo y caigo presa del desánimo. Y no pasa nada.
Sinceramente, cuando me toque, me gustaría que se hiciera una celebración, porque me lo he pasado realmente bien en lo que llevo de tiempo por aquí. Se que por respeto a los que queden, probablemente será igual de triste y con ese olor a tanatorio que lo impregna todo, pero si a mi el optimismo y ver a la gente que quiero disfrutar fue lo que me hizo feliz, me gustaría que mis seres queridos disfrutasen y celebrasen mi vida.
Sabiendo que esto es un blog de inversión, no puedo terminar sin contar mi receta.
Invierte como si fueras a vivir toda la eternidad pero disfruta de una parte de esa riqueza como si te fueras a morir la semana que viene. Qué fácil es decirlo y que imposible aplicarlo de manera continuada.
En tu profesión, trabaja con intensidad en lo que te guste, rodéate de gente a la que quieras y con la que merezca la pena compartir tus alegrías y penas. Créeme que eso es uno de los mayores aciertos de la vida. Al fin y al cabo vas a pasar gran parte de tu vida en ello.
Lee, viaja, haz deporte o túmbate en el sofá a no hacer nada sin culpa. No hay una vida ideal y cuanto antes lo entiendas, mejor.
Podría decir cientos de cosas más, pero se resumirían en más de lo mismo.
¡Y no escribas a lápiz el examen de la vida, por Dios!
PD: La verdad que nunca me gustó demasiado el futbol, pero este anuncio de la liga resume bastante bien una de las cosas que me explicó Chen, mi profesora de chino. 上有老下有小» (shàng yǒu lǎo xià yǒu xiǎo) , que describe literalmente la situación de tener «arriba viejos (padres) y abajo pequeños (hijos)», reflejando la presión de la edad adulta en la «generación sándwich».
Me parece un buen homenaje para mis primos y amigos que han perdido a sus padres en este inicio de 2026, y deseando de corazón que puedan pasar el duelo y saber que lo hicieron tan bien con sus padres, como sus padres lo hicieron con ellos.
No se me ocurre una forma mejor de vivir la vida, que cuidar y poner todo tu amor y cariño en aquellos que tanto lo hicieron contigo.


Cualquier comentario que añada a » estoy totalmente de acuedo » está de más; así que… gracias por articular nuestros pensamientos.
«Que esto de invertir está fenomenal, pero sin privarte de placeres o hacer cosas que te aporten felicidad.»
Ya lo dijo Buffett en un sorprendente comentario: Dejar el sexo a partir de los 70 años es una estupidez.
He disfrutado con su comentario, gracias por su trabajo.
Muchas gracias, Francisco y Jerónimo por comentar. Sus comentarios nos animan a seguir.