Era una tarde como cualquier otra. De esas que suman tus días felices sin que te des demasiada cuenta mientras pasa, y que echando la vista atrás añoras por su incierta normalidad.
Recuerdo perfectamente la mirada de mi hijo pequeño mientras veía por la tele cómo unas cuantas leonas se daban un festín con una gacela o un herbívoro similar. Su perplejidad y miedo fueron dando paso poco a poco a la rabia de por qué si había gente grabando no intervenían para salvar al pobre animal.
La pregunta no se hizo esperar demasiado. ¿Papá, porqué no salvan a la gacela?
Siempre he pensado que dentro de un orden, lo mejor es tratar a los hijos como adultos por lo que traté de explicarle de la mejor forma que pude como esa irracionalidad, mirada con la suficiente perspectiva, era bastante racional.
El reino animal sigue la cadena trófica y sin muerte no hay vida. Los carnívoros se comen a los herbívoros, que a su vez se alimentan de la hierba, que crece en parte gracias al retorno de los animales a esa misma tierra. Hay que decir, que El Rey Leon, ha ayudado bastante a esta tarea evangelizadora de hacerles comprender el ciclo de la vida.
Que el cámara interviniese, nos privaría de ver realmente la vida como es. Sin filtros. Cruel en una parte, necesaria en otra. A veces sólo nos queda entender que las cosas son como son, y no como nos gustaría que fueran.
A nadie le sorprenderá demasiado esta anécdota, sin embargo, seguimos encontrando adultos responsables que se llevan las manos a la cabeza cuando se trata de la irracionalidad racional de los mercados.
Apenas un 5% ha caído el SP500 al escribir estas líneas en lo que va de año.
Viniendo de arriba es completamente normal y lógico que la volatilidad esté presente. Los árboles no crecen hasta el cielo et al. Lo curioso es ver cómo en un juego que está diseñado para medirse en años por la propia crueldad de los bandazos del ciclo económico, una y otra vez los inversores se sienten preocupados y vulnerables ante algo que es tan inevitable como necesario.
Del mismo modo que usted de niño se haría las mismas preguntas que mi hijo pequeño, múltiples inversores hace cincuenta o cien años, se cuestionarían las mismas cosas sobre los mercados. Y puedo afirmar con bastante seguridad, que mis nietos y bisnietos, si los tuviera, seguirán haciéndolo en este particular ciclo de la vida inversora.
Es muy difícil para un inversor aguantar impasible las sacudidas a la baja y la exuberancia de los mercados. Estamos programados así, y la neurociencia nos lo explica de manera objetiva. Nuestro lado gacela nos traiciona en el peor momento y acabamos devorados vendiendo abajo por miedo.
Tampoco es mucho mejor nuestro lado león, que nos hace tomar riesgos innecesarios y apalancarnos más de la cuenta cuando la codicia y el futuro de ensueño nos hace creer que todo será lineal hacia arriba.
Pocas cosas realmente importantes han cambiado desde Enero hasta ahora.
Si no piensas lo mismo y te encuentras preso de la tribulación, quizá sea el momento de ponerte un documental de la fauna africana y desconectar un poco del ruido. Los leones y las gacelas seguirán saliendo cada día con el sol y tratando de llegar vivos un día más a su puesta.
Es la naturaleza. También la de los mercados.