Dumas fue un ejemplo paradigmático de las contradicciones humanas. La misma persona que fue capaz de dar a luz a uno de los personajes más elaborados y profundos para sondear el alma humana, de ver cómo un uso diligente de los recursos financieros podía dar la libertad y lograr la madurez del Conde de Montecristo, llevó una vida de derroche y desenfreno, condenándole a morir en la pobreza.
Cuando una persona decide posponer parte de su consumo disponible para ganar libertad futura, se activan varios juegos mentales dentro de la persona, de los que dependerá en gran medida su actitud ante lo que vendrá después, que es por definición tierra ignota y radicalmente incierta.
Al comenzar, la espoleta siempre suele ser la misma, tener conocimiento de otros que han tenido gran éxito en la empresa, bien sea invirtiendo en bolsa, inmuebles o cualquier otro tipo de activo que les ha permitido multiplicar varias veces su capital invertido, haciéndoles ser un objeto de envidia. Sí, has leído bien, la envidia puede actuar como incentivo para el movimiento; que sea beneficiosa o no para la persona dependerá de cómo enfoque ese movimiento una vez puesta en marcha la ruta a El Dorado.
Cuando ese movimiento arranca, aparece otro de los personajes que en mayor o menor medida nos acompañarán a lo largo de nuestra vida inversora. La ingenuidad.
La ingenuidad que nos permite poner el foco solo en la parte positiva, minimizando el riesgo de arrancar, y que la vida por lo general nos permite identificar y modelar, una vez hemos recibido las primeras cornadas de realidad. Aquello que era tan fácil y sencillo contiene una cantidad ingente de letra pequeña, que nos llevará a la muerte de los mil cortes si no somos capaces de ponerle coto a tiempo, a nuestro particular villano novelesco. El riesgo.
El riesgo, por definición, suele aparecer en fases posteriores de la novela, cuando somos conscientes de que más cosas podían pasar de las que realmente pasaron, como caso positivo, o en su caso negativo, como la constatación de que una barra de hierro al rojo vivo quema. Sí, algunas cosas simplemente parecen demasiado inverosímiles de creer, pero la ingenuidad humana nos garantiza más giros de guion de los que somos capaces de aceptar.
En España el culto al inmueble es indudablemente popular, y por ende es la opción por defecto de todo aquel que inicia la ruta a las minas del Perú, pero tras las maravillosas rentabilidades de las barbacoas dominicales se esconde algo tan perverso como lidiar con personas, que nos garantizan siempre situaciones y giros de guion que deberemos solucionar. Descubrir que los ingresos pasivos no son pasivos es el despertar del adolescente financiero.
La renta variable tiene un componente más solitario, y entiéndase bien no como un desprecio al trato humano, sino como la constatación de que lidiar con personas y dinero en tu tiempo libre es peor que hacerlo con estudio, firmeza de carácter y muchas horas de soledad, para muchos, entre los que me incluyo.
El inversor tiene mucho en común con el hombre de negocios. Se forja a través de las heridas. De lo que salió mal, de lo que pudo ser y no fue. De ser ingenuo en un mundo de fieras salvajes que simplemente lo son por ser más viejas. De la aceptación de que la ley de la selva sigue rigiendo y seguirá por mucho que nos esforcemos en pensar en que nos hemos vuelto una sociedad bondadosa.
La ingenuidad, junto con la decepción, puede dar lugar a dos caminos diferenciados. El primero es lo del gato escaldado, del agua fría huye. El que lo palma todo o parte en sus compases iniciales y no vuelve a tocar las inversiones ni con una pértiga de seis metros. El segundo, el de ganar consciencia de que esto no va de ganar siempre, sino de perder más veces de las que se gana, pero que cuando se gane se pague la fiesta, y sobre todo de que jugar a la ruleta rusa por mucho que haya sólo un escenario entre veinte de ruina total no interesa.
El protagonista del Conde de Montecristo atravesó la ingenuidad pagando un precio altísimo. Fue el abad el que le hizo madurar y entender que en la vida estás rodeado de malnacidos que por pura envidia te pueden meter en problemas.
En la inversión no es diferente, y la diferencia estriba en el nivel de riesgo que asumimos en el juego. Si usamos o no apalancamiento, si le metemos a la droga dura o nos movemos en campos más conservadores, y un largo etcétera de opciones que nos permitirán, o no, madurar y crecer en algo que dura toda la vida si se hace bien.
Quizá todo se resuma en el final de esa novela. El secreto de la vida simplemente reside en esperar y tener esperanza.

