Hace unos días tuve la suerte de sentarme con Luis Alberto Iglesias, Luigi para los que lo consideramos un amigo, que hace de las entrevistas un arte en Value School. La cita era una excusa para hacer algo que es bastante necesario, mirar atrás con honestidad. No para celebrar, sino para entender desde la distancia como ha sido el camino. La charla me obligó a semanas de reflexión previa y, solo por eso, ya valió la pena.
Coincidió además, por pura casualidad, con un hito que llevábamos catorce meses persiguiendo, como fue la aprobación definitiva de la CNMV para operar como Empresa de Asesoramiento Financiero Nacional. Un camino costoso en tiempo y recursos que, sin embargo, nos devuelve algo que habíamos perdido en el camino y que para nosotros siempre fue un pilar fundamental, como es la capacidad de comunicarnos bien con nuestros partícipes.
Hace siete años iniciamos la travesía con muchas ganas de hacer las cosas bien. Las reglas de un fondo de inversión son diferentes a las de un inversor particular y los primeros años los pasamos adaptando un sistema nacido sin restricciones a otro que, por cumplimiento normativo, debía ser bastante rígido. Nada más salir, nos dimos de frente con múltiples tormentas. La pandemia, la intervención de Esfera Capital AV y el posterior traspaso de los fondos y sicavs de Esfera Gestión a Andbank fueron probablemente las mayores , acompañadas de la gran inestabilidad que siguió a aquellos años. Lo que más me enorgullece de aquel período no es haber resistido nosotros. Es que la mayoría de los partícipes siguieron a nuestro lado. Eso no fue fácil ni sencillo, y no lo olvidamos.
Siempre he creído en la serendipia. Te pasas años haciendo algo y de repente sucede otra cosa, y todo cobra sentido por el tiempo que invertiste en ello en el pasado. En nuestro caso, ese hilo conductor se llamaba datos. Manuel lentamente los iba recopilando y trazando en nuestro sistema interno, midiendo modelos, formas de operarlos, ponderaciones, laboratorios… un ecosistema que crecía semana a semana, mes a mes, casi sin que se notara desde fuera.
Una de las cosas que más me llamó siempre la atención de Arturo es su capacidad de mantenerse racional en momentos de incertidumbre. Es una capacidad extraña e incómoda, porque te obliga a sostener cualquier cambio con una base sólida de datos antes de que sea siquiera considerado. Los primeros años debo reconocer que me costó verlo y mantuvimos bastantes conversaciones en las que no nos poníamos de acuerdo. Pero él siempre decía que «el poso de la conversación quedaba, y que la idea se iría macerando a fuego lento, como el chup chup de las salsas». Ahora que el tiempo ha pasado, es justo reconocer que tenía bastante razón.
2023 fue un año malo para el fondo. Cerramos ese año con una rentabilidad baja, quedándonos rezagados respecto a los índices. Pero como en todos los proyectos que merecen la pena, es inútil pretender que siempre serán buenos años. Resulta curioso, sin embargo, que de los años difíciles surgen las mejores ideas. Fue justo entonces cuando empezó a tomar forma una nueva manera de pensar la ponderación interna de los modelos. Cuando uno ve las tripas de Adarve ,y las mide, es fácil caer en la tentación de enamorarse de los modelos con resultados más espectaculares. Algunos de ellos, que acompañan a Arturo desde sus inicios, son sencillamente brillantes. Pero una rentabilidad excepcional acompañada de volatilidad excepcional puede ser la tumba de muchos partícipes. En este fondo no solo estamos invertidos nosotros. Están nuestros padres, hermanos, amigos, y muchos partícipes que no tienen porqué tener una tolerancia ilimitada a la volatilidad extrema. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Y por ello, todo empieza y termina con esa palabra que no nos cansamos de repetir, proceso. La estrategia Alzamora que tan bien explica Marcos,ni los últimos de la clasificación ni los primeros, mantenernos en el medio el tiempo suficiente para acabar ganando la carrera.
Con la irrupción masiva de la inteligencia artificial, procesos de análisis que antes eran costosísimos se volvieron accesibles. Los datos acumulados durante años se fueron depurando de ruido y la señal empezó a emerger con más nitidez. Ese trabajo tuvo su reflejo en los resultados: el fondo cerró 2024 con una buena rentabilidad ,el mejor año natural desde su lanzamiento en 2019. Las mejoras introducidas ese año no eran cosméticas. Los laboratorios empezaban a mostrar que ciertos modelos que llevaban tiempo en testeo eran realmente potentes.
En 2025 muchas de las intuiciones que veníamos observando desde el inicio se transformaron en argumentos claros y lógicos gracias al análisis del histórico de datos. Acometimos cambios importantes para sustentar el Adarve del presente, y aunque como todos los cambios siempre pagan un peaje al inicio, a finales de agosto, Manuel escribió en el blog que lo mejor estaba por llegar. No eran palabras vacías, eran la constatación de que las mejoras en el proceso estaban transformando el fondo.
En 2026 los nuevos modelos están funcionando a pleno rendimiento y si bien no sabemos que deparará el resto del año, estamos contentos de ver que los cambios introducidos han confirmado las hipótesis por las que los hicimos.
Han existido índices y fondos mejores en estos siete años, y en el futuro seguirán existiendo. Pero hay algo en lo que Adarve Altea cumple de manera consistente, y es ser un fondo que cumple con el mandato con que se inició. Un fondo genuinamente diferente, capaz de diversificar de verdad una parte de la cartera. Basta asomarse a las principales posiciones para comprobarlo , pues difícilmente se solapan con las de los índices convencionales, y es precisamente ahí donde reside su valor como complemento a la indexación, de la que somos firmes creyentes.
Realmente pensamos que lo mejor está por llegar. No sabemos qué traerán los próximos años. Sí sabemos que hoy contamos con un proceso más robusto, más datos y mejores herramientas que al inicio. Nuestro compromiso es seguir mejorándolo sin confundir una buena etapa con una garantía sobre el futuro. Y pase lo que pase, solo con haber podido llegar hasta aquí ya podemos decir que ha valido la pena. Esperamos que para vosotros, queridas y queridos partícipes, también sea así.

